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Los bebés transforman el cerebro de la mamá

Son ostensibles las transformaciones que se producen en el cuerpo de una mujer durante el embarazo, producto de cambios hormonales y biológicos, para engendrar y ser cuna de vida. La naturaleza es sabia y el mundo intrauterino se configura para posibilitar con un máximo de éxito que esta vida vea la luz. Una sinfonía bien afinada, con los acordes precisos, todo dispuesto para el bebé que se está gestando. 

Y llegamos al nacimiento.

¿Qué necesita un bebé de su madre cuando nace? 

Y la pregunta la hago extensible a los primeros meses y años de su vida. Las respuestas más frecuentes son “comer” y “cuidados”. Y es cierto, pero un bebé necesita mucho más.

Se comprobó que los bebés que vivían en orfanatos a principios del siglo pasado, a pesar de tener sus necesidades fisiológicas cubiertas, comida, limpieza, temperatura, tenían una tasa de mortalidad mucho más elevada que los bebés que vivían con su familia. Como no podían explicar esta elevada incidencia, estudiaron la excepción, el pabellón en el cual el índice de mortalidad era más bajo.  Descubrieron que para la supervivencia de los bebés era determinante el trato que les daban las cuidadoras, que los cogieran, que se los colocaran en su regazo para darles el biberón, que les cantaran, que les hicieran mimos, que les sonrieran. He aquí el gran secreto, el amor como ingrediente fundamental de la vida, el afecto que separa la vida de la muerte.

 Los bebés sin amor se mueren.

Pues sí, un bebé necesita mucho más que comida y cuidados. Necesita que su mamá:

  • Se enamore de él y le convierta en el ser más importante de su existencia.  
  • Le dé un lugar central y de privilegio para subsistir. 
  • Le atienda incluso a costa de ella misma, renunciando a sus propias necesidades. Cuando por fin logra conciliar el sueño, exhausta de no dormir y oye, para los demás inaudible, que su bebé murmura inquietud. 
  • Empatice con todo aquello que siente y todavía no sabe expresar con palabras. Que atienda y comprenda sus llantos, si son de hambre, de dolor, de sueño…
  • Permanezca vinculada, que se emocione con su sonrisa, le festeje los primeros gorgoritos, le caiga la baba cuando interactúa con su bebé, y así se produzca la magia de los cerebros sincronizados, de la que hablaremos en otra ocasión.

Una nueva vida se abre paso con sabiduría.

Y esta sabiduría no es exclusiva de la maternidad humana. Da igual que sean ratitas, ballenas, chimpancés o elefantes, por hablar solo de mamíferos. 

Nature Neuroscience publicó en diciembre de 2016, una investigación llevada a cabo por la UAB (Universitat Autónoma de Barcelona) y IMIM (Fundació Institut Hospital del Mar Investigacions Médiques) en la que comparaban la estructura cerebral de 25 mujeres antes y después de su primer embarazo y dos años después del nacimiento. En el estudio también participaron 17 parejas masculinas y 20 mujeres más, como grupo control.

En las imágenes, obtenidas por resonancia magnética del cerebro de las participantes primíparas, observaron una reducción del volumen de materia gris en las regiones implicadas en la inteligencia social, y áreas que permiten la empatía (Corteza prefrontal, área temporal y línea media cortical anterior y posterior). Estos cambios además son duraderos, al menos dos años después del parto, periodo máximo al que llegó el estudio.

¿Qué significa una disminución de la materia gris?

Significa que se produce una poda sináptica, en la que se fortalecen las conexiones más importantes en detrimento de otras, lo cual permite que el cerebro se vuelva más experto, en este caso en maternidad. Imaginemos un territorio repleto de caminos que desaparecen para dar lugar a autopistas, autovías y algunas carreteras secundarias. Durante la adolescencia se produce también una importante poda sináptica que dará lugar al cerebro adulto. (Me pregunto si la necesidad imperiosa de dormir en la adolescencia y embarazo tiene como base estos cambios estructurales en el cerebro).

 ¿No es asombroso que los cambios que experimenta el cerebro de la mamá son los que le permiten atender al bebé como este necesita?

¿Y no es más asombroso todavía, que a mayor poda sináptica mayor sea la calidad del apego entre madre y bebé? 

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