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Juego libre en la infancia, S.O.S

Este es el primero de tres artículos en los que hablaremos de la importancia del juego libre en la infancia, y la urgencia de recuperarlo para convertirlo en una prioridad.

Empiezo con una pregunta:

Vuelve mentalmente a tu infancia y trae a tu memoria recuerdos de tí jugando, puedes cerrar los ojos para recrearte en ellos. ¿Estos recuerdos, cómo te hacen sentir emocionalmente?

En mi caso, si pienso en juego libre evoco al recuerdo y me llegan ecos de una infancia en libertad, fragmentos de imágenes como de un film por el tiempo erosionado, que ubico en pueblecitos  donde el juego libre todavía es posible. Escucho un jolgorio de emoción que va y viene. Un coro de griteríos de distintas edades, de movimientos en apariencia caóticos y carrerillas que obedecen a un guion que se desarrolla sobre la marcha y lo van escribiendo entre todos. El juego infantil como partitura intensa de la vida como aventura, de la vida como descubrimiento. Juego en permanente construcción y deconstrucción. 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de juego libre en la infancia?

El juego libre surge, es espontáneo, no es ni impuesto, ni dirigido.

Surge entre iguales, sin adultos que medien, ni guíen.

La actividad, el juego, tiene sentido por sí misma, no persigue una finalidad y no hay objetivos a alcanzar.

Las reglas del juego son consensuadas por los participantes, y pueden ir cambiando en función de lo que vaya aconteciendo, no son fijas, ni rígidas

Jugar es disfrutar, gozar, divertirse, genera la experiencia de fluir. No hay juego si este no es placentero.

El juego libre les pone a prueba, les ayuda a conocer sus límites y a superarlos. No está mamá para decirle si el muro que quiere saltar es demasiado alto para sus cortas piernas, deberá decidir si arriesgar o no, regresar a casa con algún rasguño o experimentar el orgullo de haber tenido éxito en la hazaña. 

El juego libre les convierte en quien ellos desean ser mientras juegan, no hay límite a la imaginación. Pueden ser  exploradores, ir de safari en la propia habitación, ser bombera, peluquero, médica o youtubers.

El juego libre les permite un aprendizaje permanente, aprendizaje de vida, resolver imprevistos en los que no están papá o mamá para sacarlos del aprieto.

Los juegos de mesa, los juegos de pelota, no son juego libre y cumplen otras funciones. Tienen unos objetivos a alcanzar, unas reglas prefijadas que cuando no se respetan suelen poner fin al juego. 

¿Cuándo y dónde juegan nuestros hijos/as? ¿Juegan suficientemente?

En la Declaración de los Derechos de la Infancia (Asamblea General de las Naciones Unidas,1989) jugar es tan importante como la salud o la educación.

Pero con las largas jornadas escolares, la ingente cantidad de deberes y estudio para casa, el carrusel de actividades extraescolares a la que están sometidas las criaturas de nuestra geografía, parece que no les queda tiempo para jugar.

En la mayoría de patios de colegio, el futbol ha desplazado cualquier otro tipo de posibilidad de juego. Las calles y plazas que antaño eran espacio de juego, han sido tomadas por los coches y algunas ciudades han sido invadidas por turistas. Los parques de las ciudades en general son solo para los más pequeños, que se deslizan por el tobogán bajo la atenta mirada del adulto, que suele solucionar también la trifulca que se ha organizado por un juguete que no se quería compartir.  

¿Qué nos sucede si no jugamos?

Cómo no, se han hecho estudios con ratitas de laboratorio. La especie que más ha contribuido a la evolución de la humanidad y con la que tenemos una deuda insalvable. Pues bien, compararon las ratitas de laboratorio que podían jugar con otras a las que se les había privado del juego y observaron en estas segundas daños emocionales y sociales

Mostraban más miedo, lo que hacía que fueran menos exploradoras, y se exponían menos que las ratitas que habían jugado. Aunque vivían menos situaciones con riesgo, padecían  un mayor nivel de estrés y también tenían menos recursos para hacerle frente. En situaciones neutras, su activación fisiológica (ritmo cardíaco, respiratorio, …) era mayor, y mostraban más comportamientos de evitación y de ataque.

Si miramos los estudios psicológicos de la población infantil nos indican una tendencia que se inicia en los años sesenta y se agudiza a partir de la década de los ochenta. Estos resultados poco alentadores y que a continuación comentamos, me pregunto si están influidos por la disminución del juego libre en los países desarrollados.

Bien, los resultados de estos estudios apuntan y confirman como tendencia:

1. Un aumento de la ansiedad y depresión en la población infantil

Aclarar que la depresión más asociada vox populi con la tristeza, suele cursar en la infancia con malestar emocional más relacionado con inquietud y comportamientos agresivos. 

Nuestros niños y niñas sufren más de ansiedad, incidencia que va al alza década tras década. Sería interesante y quizás revelador realizar un estudio con humanos estableciendo las siguientes relaciones como hipótesis: “Menos juego libre infantil, más ansiedad”, “Menos juego libre menor resistencia al estrés”, como si se  ha podido comprobar con las ratitas de laboratorio.

2. Un aumento del locus de control externo en detrimento del locus de control interno.

Lo que explicado de un modo sencillo significa  que va al alza el sentimiento de no tener control sobre lo que me sucede en la vida, porque no depende de mí. El azar, la suerte, los otros, son la explicación. “Yo no le maté, se puso delante, y me había pillado el cabreo” Un ejemplo trivial y más cotidiano. ¿Por qué he suspendido el examen? Las respuestas tipo “porque el profe me tiene manía”, “nos puso un examen muy difícil”, “mala suerte la mía, me preguntó justo lo que no había estudiado” son respuestas de locus de control externo. Reconocer que el resultado tiene relación con el haber estudiado o no lo suficiente, tiene relación con el locus de control interno. Las personas con locus de control externo, suelen ser más inmaduras, más inseguras y más propensas a la ansiedad y estrés.

3. Se observa una disminución de la creatividad

4. Un mayor predominio de personalidades narcisistas y por tanto con falta de empatía.

El juego libre es una oportunidad para la interacción, el mejor laboratorio para desarrollar la inteligencia interpersonal. Compartir, proponer, ceder, renunciar, medirse, ser uno más, un día ganar, otro perder… La empatía se desarrolla prácticándola.

Llama especialmente la atención el estudio del psiquiatra Stuart Brown, en el que entrevistó a 26 acusados de asesinato en Texas, descubrió que todos ellos tenían en común  que no tenían recuerdos de juegos en su infancia porque no habían jugado.

¿Será que nos hemos tomado poco en serio el juego infantil?


Sobre la importancia del juego libre en la infancia ha hablado Sara Tarrés, cofundadora de Familias ConCiencia, en su blog Mamá Psicóloga Infantil. Te dejamos aquí algunos de los links a sus posts:


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